Amantes, prepagos y corruptos

Publicado en El Espectador, Julio 14 de 2016


Los favores sexuales son la forma más antigua, universal y eficaz de corrupción. En Colombia abundan unos y otra, pero no preocupan las eventuales conexiones.

Una persona casada que mantiene una relación paralela estable es por definición deshonesta. Quien les hace trampa -afectiva y económica- a sus seres queridos, tranquilamente podrá defraudar a otros, con mayor razón a un bolsillo sin fondo, ni doliente. Los cónyuges con sucursal son potencialmente corruptos, además de vulnerables al chantaje. La causalidad puede ser al revés: funcionarios marrulleros tendrán una o varias amantes, según su poder.

En la China se han constatado los lazos entre saqueos al fisco y relaciones extra maritales. En una muestra de funcionarios corruptos sancionados, casi la totalidad habían engañado a su esposa, y tres de cada cinco mantenían una amante. Para Ming Li, ejecutiva de una empresa especializada en salvar matrimonios, la lógica es simple: “cuando el hombre tiene mucho dinero siempre busca una amante”. Además, “muchas chicas quieren ser amantes para tener dinero. Es un camino más fácil que trabajar con esfuerzo”.

La cúpula burocrática colombiana, menos estable que la china, no debe poder sostener varios hogares simultáneamente. Si acaso, deslices esporádicos o prepagos en los viajes. La excepción serían los congresistas, cuyas sucesivas reelecciones con escandaloso salario, gastos de representación, nómina personal, residencia simultánea en Bogotá y su lugar de origen, más la eventual mermelada, sí les permiten amantes permanentes en simultánea con su vida  de honorables padres de familia y de la patria. No es casualidad que una prepago señale en sus confesiones que entre sus asiduos hay congresistas con quienes trabajó como asistente. Por fortuna para ellos, en el país más feliz y despreocupado del mundo, todavía se considera inadecuado fisgonear la intimidad, así afecte el erario. Nunca se sabrá cuántos contratos municipales o puestos departamentales retribuyen servicios sexuales, o verdadero amor de encantadoras sobrinas.

La corrupción impulsada con prostitución puede ser más onerosa para el contribuyente que la de concubinas, cuyo costo se reduce a mantener otra familia, sin intermediarios. Con prepagos, hay sobornadores, agentes, sobornados, y mayores recursos en juego. La mecánica, alcances y cuentas de la Comunidad del Anillo siguen siendo un misterio, pero permiten imaginar variantes del esquema, en el Congreso y otras dependencias gubernamentales.

No tengo fuentes infiltradas en el poder, pero algunas anécdotas de gente cercana me permiten sospechar que atender políticos, funcionarios, jueces y empresarios con encantos femeninos es una práctica usual en el país. El ex director de una agencia estatal con enorme presupuesto cuenta que, hace unas décadas, en sus visitas a oficinas regionales, era común que lo recibiera el cacique local, eventual socio de contratistas de la entidad, con bellas jóvenes puestas a su disposición. Las evitaba no sólo por respeto a su familia sino para no verse envuelto en componendas. 

Otro antiguo tecnócrata asistió a una fiesta en la que el presidente, la plana mayor del gabinete, magistrados y empresarios contaban con dos prepagos cada uno, suministradas por el director regional de fiscalías, conocedor del “milieu”. Después de la francachela que él, por honesto, no disfrutó completa, los políticos que antes no lo determinaban, lo saludaban con una palmada cómplice en el hombro, una especie de “bienvenido a la pandilla”. Tales rituales de iniciación nunca favorecen la transparencia administrativa. Una funcionaria distrital, la persona más versada en prostitución que he conocido, casada con abogado, hablaba de un burdel especializado en magistrados. Su esposo anotaba que, en instancias superiores, la forma segura de ganar un pleito era empujar el fallo con mujeres.

Estos intercambios han sido eludidos en los debates sobre corrupción y prostitución, deformada por el drama y el victimismo: se ha ignorado el sexo pago voluntario de alto standing, el de  acompañantes educadas, capaces de masajear y aceitar negocios, privados o públicos. Las herramientas persuasivas que legó el narcotráfico no son dos sino tres: plomo, plata o jovencitas.

Sobre las prepagos en el medio estudiantil el manto de silencio es total. He tenido interesantes controversias por opinar que las universidades deberían tomar cartas en el asunto, pues en el campus empieza el entrenamiento para seductoras corruptelas; sobre eso también hay testimonios. El mercado del sexo es complejísimo, cada vez más deformado, opaco, plagado de dilemas, y de vínculos no siempre evidentes con el bajo mundo. Por algo siempre ha tenido, y requiere, regulación. No soy prohibicionista ni abolicionista; pregono y he documentado la libertad de elegir en esa actividad, pero no endoso el total “laissez faire”, y menos la falta de información, sobre todo cuando puede prostituir la función pública.



Celis Albán, Francisco (2007). Confesiones de una puta cara. Bogotá: Intermedio

Love, Sacha (2007). Une courtisane à la fac. Paris: Alban

Rubio, Mauricio (2014). “Sexo con dinero público”. El Espectador, Ene 24

van Wyk, Barry (2013). “Survey of China’s 24 most corrupt officials in 2012”. Jan 2013



Vidal Ily, Macarena (2016) “¿Cuánto cuesta eliminar a la amante de mi marido?”. El PaísAbril 2