Algunos ejercicios comparativos por países


Las pandillas en los barrios
En la literatura reciente sobre pandillas juveniles [1], siguiendo las sugerencias de Durkheim en su trabajo sobre el suicidio, se hace énfasis en la necesidad de distinguir los elementos que ayudan a explicar la incidencia y las características sociales de un fenómeno de los varios factores específicos que motivan a los individuos a ocasionar un incidente que contribuye a dicho fenómeno. En el caso de las maras o pandillas juveniles, es conveniente entonces diferenciar aquellos elementos que ayudan a explicar por qué en unos lugares hay mayor o menor presencia de bandas juveniles –o cuales son las características de las mismas a nivel agregado o social- de los diversos factores que contribuyen a que un joven se vincule a una de tales pandillas.

Aunque las encuestas de auto reporte sobre las cuales se basa este trabajo se adecuan más al análisis de los determinantes individuales de vinculación a las pandillas, es factible tener una visión general de la incidencia, a nivel agregado, del fenómeno. Al respecto, el primer aspecto que sobresale de los datos de las encuestas es la enorme variabilidad geográfica del fenómeno de las pandillas. Esta apreciación es relativamente independiente del indicador que se adopte para la medición de tal incidencia. Para aproximarse a la importancia relativa de las maras o pandillas en las cuatro regiones en las que se realizaron encuestas se dispone de tres indicadores diferentes más o menos relacionados : 1) el reporte de los jóvenes que respondieron la encuesta de alguna vez en la vida haber sido marero (en Honduras) o pandillero (en Nicaragua); 2) el contar o no con un amigo marero o pandillero y 3) la percepción de que en el barrio en dónde se vive existen o no pandillas. Con los dos primeros se puede construír un indicador para los jóvenes vinculados al sistema escolar y otra para los desescolarizados. Así, lo que se observa es, por un lado, una alta variabilidad entre los diferentes indicadores : mientras que en Managua un 80% de los jóvenes manifiestan que en el barrio en el que habitan operan pandillas, para la ZMVS la cifra respectiva es del 33%. El auto-reporte de haber pertenecido a una pandilla entre los jóvenes aún vinculados a la escuela presenta una relación del orden de tres a uno entre Managua y la ZMVS. Es conveniente señalar que puesto que la muestra es completamente aleatoria entre los jóvenes estudiantes, pero lamentablemente no lo es entre los desescolarizados, para efectos de comparación entre localidades, el indicador de vinculación a las pandillas basado en el auto-reporte es más adecuado si se limita a los jóvenes que siguen en el sistema escolar.

Gráfica 4.1
El segundo punto que se puede señalar es que  lo que se podría denominar indicador líder de la incidencia de pandillas –en el sentido de ser el que capta el fenómeno de manera más temprana- es el que se basa en la percepción de los jóvenes sobre la presencia de pandillas en sus barrios. Este indicador, además, presenta la ventaja de poderse comparar con uno similar calculado a partir de encuestas de victimización a los hogares.

Puesto que las encuestas fueron realizadas en un número relativamente amplio de municipios, tanto de Honduras como de Nicaragua, es posible tener una idea de las diferencias en la incidencia a nivel agregado en cada una de estas localidades. 

Bajo esta perspectiva de corte transversal por municipios se pueden señalar varios puntos. Uno, el primer efecto perceptible de las pandillas en una localidad parecería ser el establecimiento de una red de amigos que, si bien es más extensa entre los jóvenes no escolarizados, se extiende fácilmente aún entre los estudiantes, sobre todo en los niveles bajos de incidencia de las pandillas en los barrios.

En efecto, si la percepción de influencia de pandillas en los barrios es inferior al 40%-50% [2], la relación entre este indicador y el basado en los vínculos de amistad con los pandilleros es muy similar entre los jóvenes que estudian y los desescolarizados. Es en los niveles altos de presencia de pandillas en los barrios que la escuela en cierta medida actúa como un obstáculo a la red de amigos de las pandillas, sin poder contenerla del todo. De cualquier manera, y aunque en los niveles altos de incidencia de pandillas el reporte de amistad con los pandilleros es inferior entre los estudiantes que entre el resto de hombres jóvenes desescolarizados, la asociación entre ambos fenómenos es estrecha (correlación cercana al 80%) entre ambos grupos de adolescentes.

El umbral del 40% en la percepción de influencia de las pandillas es relevante no sólo a nivel de los lazos de amistad de los jóvenes con los pandilleros. También en ese punto se percibe un quiebre en términos del reporte de vinculación con las pandillas. Por un lado, es a partir de allí que, aparentemente, empieza a ser relevante y creciente el porcentaje de jóvenes que manifiestan haber sido mareros o pandilleros. Por otra parte, sería el límite a partir del cual el hecho de estar estudiando marca una diferencia o, en otros términos, cuando la desvinculación del sistema educativo empieza a convertirse en un factor de riesgo para el ingreso de los jóvenes a las pandillas.

Pandillas y situación económica de los jóvenes
Una explicación usual para la existencia de pandillas en las localidades, así como para la vinculación de los jóvenes a tales grupos está basada en la precariedad de la situación económica tanto social como individual. La información de la encuesta puede ser útil no sólo para contrastar este planteamiento sino para refinar un poco el análisis e identificar los mecanismos a través de los cuales opera la causalidad desde el ámbito económico hasta el entorno de las pandillas.

Para el análisis que sigue se utiliza como indicador de la situación económica de los jóvenes su percepción subjetiva del estrato socio económico al que pertenecen. Con los datos agregados a nivel de municipio se observa una relación negativa (índice de correlación de –0.6) entre la incidencia de pandillas en los barrios y el estrato económico promedio de los jóvenes que viven en tales barrios. 

Gráfica 4.2
Esta relación negativa entre la situación económica y la presencia de pandillas persiste cuando se toma no el valor promedio de la calificación individual del estrato sino la proporción de jóvenes que se consideran pertenecientes al estrato bajo, o al estrato alto.

Con cualquiera de los indicadores se tiende a corroborar el planteamiento relativamente generalizado que a mayor nivel de precariedad económica en las localidades –medida en este caso por la percepción que tienen  los jóvenes sobre su situación relativa en la escala social- tiende a incrementarse la presencia de las pandillas en los barrios. Vale la pena un esfuerzo por entender mejor cual es la lógica de esta relación.

Aunque en términos generales la percepción de los mismos pandilleros sobre su estrato socio económico corrobora la asociación entre la precariedad económica y el fenómeno de las pandillas, el análisis de la participación de pandilleros en cada estrato, así como la composición por estratos de la población de pandilleros y su entorno ofrece un panorama más complejo de la situación.

En el análisis que sigue no se tendrá en cuenta el posible sesgo atribuible a los problemas de muestreo señalados en la sección anterior. Así, se trata de un ejercicio que es en últimas favorable a la hipótesis de la precariedad económica.

En primer lugar, a nivel agregado, al incrementarse la proporción de pandilleros en la población, se percibe que la relación entre estrato económico y vinculación a las pandillas no es lineal, decreciente y uniforme como se esperaría en principio.
Gráfica 4.3

Lo que se observa como perfil es, por el contrario, una especie de U en dónde los niveles altos de afiliación a las pandillas se dan tanto en el estrato bajo como en el estrato más alto. De hecho, para la encuesta de Tegucigalpa, es mayor la proporción de jóvenes hombres pertenecientes al estrato alto que reportan haber sido mareros (10.5%) que la cifra respectiva entre los jóvenes de estrato bajo (8.9%). En otros términos, lo que esta gráfica sugiere es que la mejor posición económica está lejos de poderse considerar la única vacuna eficaz contra la vinculación a las pandillas. Además, las discrepanciass regionales en cuanto a la asociación entre nivel económico y pandillas son apreciables.

La complejidad de la relación entre la situación económica y la incidencia de pandillas se corrobora al observar el perfil por estratos del entorno del fenómeno. En primer lugar, el reporte de que existen pandillas en el barrio de acuerdo con el estrato económico de quien responde la encuesta varía bastante entre los países en los que se hizo la encuesta. Estas diferencias en la incidencia de pandillas no siempre guardan correspondencia con el nivel económico, o la extensión de la pobreza, en los distintos países.  Además, la asociación del indicador de presencia de pandillas con la precariedad económica también presenta importantes variaciones regionales. Así, mientras en Tegucigalpa o Panamá se percibe, como en principio predice la teoría, una relación negativa entre la situación económica y la presencia de pandillas en los barrios, en otros lugares, como Nicaragua la asociación es menos nítida y se alcanza a percibir una especie de U: la incidencia es más importante en los dos extremos de la escala económica y más baja en los estratos medios.
Gráfica 4.4

Algo similar puede decirse acerca de la relación entre la situación económica del joven y sus vínculos de amistad con los pandilleros. Las diferencias entre regiones son más significativas que las diferencias al interior de una misma región, y la pertinencia de la situación económica como indicador de lazos de amistad con las pandillas depende mucho de la localidad.

En Managua, por ejemplo, a mayor estrato mayor es la incidencia de amigos de pandilleros. En Panamá o la ZMVS sólo en el estrato más alto se percibe una disminución en la posibilidad de que un joven reporte ser amigo de un pandillero.

Se puede anotar que el perfil por estratos que más se asemeja al de los pandilleros es el de los jóvenes que se han desvinculado del sistema educativo. Así, parecería que, cuando se observa, la asociación entre la precariedad económica de los jóvenes y su vinculación a las pandillas se da fundamentalmente a través del abandono escolar. Sobre este punto se volverá más adelante.

La falta de una relación inequívoca entre la situación económica y el fenómeno de las pandillas también se observa a partir de la percepción que tienen los pandilleros sobre su posición en la escala social. En efecto, la composición por estratos de la población de jóvenes vinculados a las pandillas presenta importantes variaciones regionales. Así, mientras en Tegucigalpa la estructura por estratos de la población de mareros es relativamente uniforme –cerca del 20% se consideran situados en cada uno de los cinco estratos- en los municipios Nicaragüenses casi el 60% de los pandilleros afirman pertenecer al estrato más bajo mientras que apenas el 1% considera pertenecer al estrato alto. En Panamá también se observa una alta concentración de jóvenes que del estrato más bajo dentro de los pandilleros.
Gráfica 4.5

Lo que, por el contrario, sí concuerda con la teoría de la precariedad económica como determinante del fenómeno de las pandillas es la percepción que tienen los jóvenes encuestados sobre el estrato al que pertenecen sus amigos pandilleros. En efecto, y aquí si en forma más o menos independiente del lugar en dónde se realizó la encuesta, la composición por estratos de los pandilleros, de acuerdo con la percepción de sus amigos no pandilleros presenta siempre un asociación estrecha y negativa con el estrato [3].

Gráfica 4.6
Otro aspecto que vale la pena señalar con respecto a la situación económica de la población encuestada es que la composición por estratos de los hombres jóvenes por fuera del sistema educativo es bastante similar a la de los pandilleros y, por otra parte, sustancialmente diferente a la de quienes continúan integrados al sistema escolar.

Así, de nuevo se puede pensar que el principal mecanismo a través del cual la precariedad económica de los jóvenes estaría repercutiendo en la incidencia del fenómeno de las pandillas es el del abandono escolar.

Factores asociados con la presencia de pandillas
Los datos de las encuestas agregados por municipios pueden ser útiles para detectar algunos elementos correlacionados con la incidencia de las pandillas y dar algunas luces  tanto acerca de las eventuales causas del fenómeno como de sus más visibles consecuencias.

Utilizando lo que se denominó en indicador líder del fenómeno –la percepción de los jóvenes de la encuesta sobre la influencia de pandillas en sus barrios- el primer punto que conviene destacar es que esta es que estos grupos juveniles ejercen una influencia sobre ciertos comportamientos –riesgosos, rumberos- de los jóvenes. En particular, es notoria la asociación que se observa entre la presencia de pandillas en los barrios y cuestiones como el consumo de tabaco, alcohol o droga entre los jóvenes no miembros de las pandillas. Aparece incluso una correlación positiva con la frecuencia de salidas nocturnas de los jóvenes. Así, mientras en las localidades con escasa presencia de pandillas la incidencia de consumo de tabaco o bebidas alcohólicas entre los jóvenes no pandilleros es inferior al 10%, la de droga crecana al 0% y el promedio de salidas nocturnas apenas supera 1.5 por semana, en los municipios en dónde está más generalizada la presencia de maras o pandillas cerca de la mitad de los adolescentes reportan haber consumido tabaco o alcohol, más del 6% manifiestan haber recurrido a las drogas y el promedio de salidas nocturnas a la semana es cercano a tres.

En forma consecuente con las observaciones anteriores, la presencia de pandillas en los barrios alcanzaría a estar asociada con las preferencias de los jóvenes en materia del lugar preferido para pasar la mayor parte de su tiempo libre. Mientras que en los lugares en dónde las pandillas muestran una presencia más generalizada aumenta la proporción de jóvenes que manifiesta pasar la mayor parte de su tiempo libre en la calle en detrimento de pasarlo en la casa.

En otros términos, las pandillas parecen tener el efecto de sacar a los jóvenes fuera de sus casas para atraerlos hacia la calle. Esta especie de seducción no necesariamente implica, para la mayor parte de los jóvenes, una mayor implicación en actividades delictivas. Si bien se percibe un leve efecto arrastre sobre los pequeños robos y los ataques más serios a la propiedad, no se alcanza a dar un impacto sobre crímenes más graves cometidos por jóvenes no pertenecientes a las pandillas. Más visible es el estímulo que parece darse, y aquí si de manera generalizada, sobre ciertas conductas riesgosas –como el consumo de sustancias- y sobre el ambiente nocturno y de rumba. Se puede plantear como conjetura que uno de los principales elementos asociados a la presencia de pandillas en los barrios es el quiebre del sistema normativo basado en la familia y el sistema escolar, y que este factor contestatario es algo que atrae a buena parte de los jóvenes.

Aunque el elemento de la rumba, el vacile, el pasárselo bien, es frecuentemente mencionado como un factor aglutinante de los adolescentes alrededor de las pandillas y, en recurrentes testimonios, como un motivo suficientemente fuerte para inducir en algunos jóvenes la decisión de vincularse a las pandillas, hay dos consecuencias de este escenario que no han recibido suficiente atención en la literatura que ofrece diagnósticos sobre el fenómeno. La primera es la falta de consideración de este tipo de motivación –tanto para acercarse a las pandillas en busca de amigos como para ingresar a ellas- en las políticas y programas orientados a enfrentar el problema. Paradójicamente, tales esfuerzos -tanto a nivel preventivo como cuando se busca la reinserción- se concentran en los aspectos educativos y laborales de la vida de los adolescentes, precisamente aquella dimensión por la cual tanto los pandilleros como sus redes de amigos demuestran recurrentemente tener un mínimo interés. Una excepción serían los programas preventivos basados en la promoción de actividades deportivas. Aún en estos casos se destacan los elementos formativos del deporte, no la dimensión lúdica que pueda competir con el vacile y la rumba. En este sentido, y sin querer desvirtuar del todo la dimensión materialista del fenómeno, vale la pena hacer énfasis en la caricatura de la pandilla como una instancia de rumba y de desafío a ciertos estándares de comportamiento en principio promovidos por la familia y el sistema educativo.

El segundo elemento que ha sido tradicionalmente ignorado por el diagnóstico, o mencionado de manera anecdótica y marginal, pero que está presente como pocos en la vida de los adolescentes, en sus preocupaciones cotidianas, en sus motivaciones de corto y largo plazo e incluso en las normas con las que se pretende moldear sus comportamientos es el relacionado con la vida sexual. En este contexto, si se percibe la importancia del vacile, de la rumba como un factor de atracción alrededor de la vida de pandilla no parece prudente ignorar la dimensión sexual del comportamiento de los adolescentes en general y de los pandilleros y su entorno en particular. Al respecto, los datos de las encuestas muestran con claridad que la vida sexual de los pandilleros, y de sus amigos, no sólo es más temprana, más activa y más promiscua que la del adolescente promedio sino que es uno de los elementos que en mayor medida contribuyen a discriminarlos.

A pesar de las observaciones anteriores, resulta claro en los datos que no todo es rumba alrededor de las pandillas. En particular, la presencia de pandillas está inequívocamente asociada con mayores índices de inseguridad en las localidades. Por un lado, el indicador más generalizado de inseguridad, la tasa de victimización [4], muestra una correlación positiva y relativamente estrecha (índice de correlación del 83%) con la presencia de pandillas en los barrios. Así, mientras en los municipios en dónde menos del 10% de los jóvenes manifiestan que en el barrio en dónde habitan operan pandillas la tasa de victimización es inferior al 20%, en aquellas localidades en dónde un 80% o más de los encuestados reportan presencia de pandillas más de uno de cada dos jóvenes ha sido víctima de algún ataque criminal.

Por otra parte, un indicador subjetivo de seguridad en el barrio [5] también muestra una correlación negativa (cercana al 70%) con la presencia de maras o pandillas en los barrios. 

Las observaciones anteriores se corroboran, desde la otra orilla de la inseguridad  -la de los infractores- cuando se observa que la presencia de pandillas en los barrios se relaciona con un mayor reporte de infracciones leves, ataques o agresiones de distinta naturaleza, por parte de los jóvenes no vinculados a las pandillas. Más adelante se analizan las diferencias entre los pandilleros y el resto de jóvenes a la hora de cometer infracciones.

La relación positiva entre la presencia de pandillas en los barrios y el auto reporte de infracciones no muy graves por parte de los jóvenes no pandilleros se observa tanto con un indicador de la variedad de conductas problemáticas –que se puede medir con la suma del número de categorías en las cuales se reportan infracciones, y que no debe confundirse con una medida de reincidencia- como con el reporte de haber cometido alguna vez pequeños robos –sacar artículos de un almacén sin pagarlos, o comprar cosas robadas-. Ya para los robos más serios la asociación entre incidencia de pandillas y reporte de este tipo de delito empieza a se más tenue.

Como lo sugiere de manera tímida el reporte de robos, algo que ya se puede considerar dentro de la categoría de los delitos, la generalización de la presencia pandillera en los barrios no necesariamente se asocia con un mayor reporte de infracciones graves -como violaciones, ajusticiamientos, homicidios o secuestros- por parte de los jóvenes no miembros de pandillas en una localidad. El reporte de estos crímenes por jóvenes ajenos a las pandillas no sólo es extremadamente raro sino que es independiente de la incidencia de pandillas en los barrios, siendo el índice de correlación para los datos agrupados por municipios tan sólo del 10%. Por el contrario, para los delitos reportados por los miembros de las pandillas se percibe una asociación negativa entre su incidencia y  la presencia extendida de pandillas en los barrios. Es en los municipios en dónde los jóvenes reportan una menor incidencia de pandillas (inferior al 40%) en dónde los integrantes de tales grupos se caracterizan por ser en su mayoría criminales serios.

Así, los datos de la encuesta sugieren que la presencia generalizada de pandillas en los barrios se asocia, entre los jóvenes no integrantes de tales grupos, con un mayor reporte de infracciones pero no necesariamente con una incidencia superior de los crímenes más graves. Al interior de las bandas, por el contrario, el fenómeno menos extendido, o más concentrado, se caracteriza, por el contrario, con una mayor criminalización de sus integrantes. Dicho en otros términos, parecería que la evolución y desarrollo de las pandillas se da acompañada tanto de una progresiva monopolización de las actividades delictivas dentro de esos grupos como, aparentemente, de una vinculación menos masiva de jóvenes. Disminuye la cantidad y aumenta la intensidad, o gravedad, de las pandillas. Esta observación se puede interpretar de dos maneras no excluyentes : las pandillas en alguna medida pacifican las localidades en las que actúan y, simultáneamente, monopolizan las actividades delincuenciales.

Pandilla, infracciones y delitos
Lamentablemente, y a pesar de la eventual utilidad de la caricatura rumbera para una comprensión global del fenómeno, las pandillas juveniles no son una simple manifestación del vacil, el trago, la marihuana, la vida nocturna, la libertad sexual o el pasárselo bien.  Existen marcadas y fundamentales diferencias entre el fenómeno de las maras y las pandillas en Centroamérica en la actualidad y, por decir algo, el movimiento hippy de los años sesenta, que también era rebelde, opuesto al esquema tradicional de la familia o la escuela, propenso al consumo de droga, liberado sexualmente, pero con reconocida vocación de paz, no de violencia.

Una importante y sombría faceta característica del fenómeno pandillero, que ayuda a explicar la inseguridad y los mayores índices de victimización que sufren los jóvenes en sus territorios, es la marcada vocación por la violencia en una amplia gama de manifestaciones y de comportamientos problemáticos y riesgosos, que afectan a terceros, y que van desde los pequeños robos hasta el secuestro, pasando por las riñas, las agresiones y las violaciones.

De la misma manera que, con la información de las encuestas agregada por municipios, se pudo identificar una asociación entre la presencia geográfica de pandillas y el reporte de infracciones por parte de los demás adolescentes, los datos agrupados con el esquema del sendero permiten corroborar la idea de una influencia negativa de las pandillas sobre los jóvenes, de manera proporcional a su cercanía con tales grupos. Por otro lado, se hace evidente que una de las características básicas de los jóvenes pandilleros es no sólo el reporte más frecuente de haber cometido infracciones alguna vez sino la gama más variada de categorías de comportamientos problemáticos. Así, mientras que, en forma independiente de la localidad, el porcentaje de pandilleros que admite haber cometido alguna infracción se acerca al 100%, entre los jóvenes alejados de tales grupos este guarismo se sitúa alrededor del 20%.

La brecha en términos de variedad de la canasta de infracciones cometidas por los pandilleros también es marcada, aún con los adolescentes más cercanos a su entorno.

A diferencia de lo observado en los datos municipales, con los cuales se percibía una asociación negativa entre la presencia de pandillas y la incidencia de delitos graves, el modelo del sendero muestra una estrecha relación entre el ser pandillero y el reporte de haber cometido crímenes muy serios, y en varias categorías. También con estos datos se percibe que la generalización de las pandillas no necesariamente se da acompañada en una intensificación de sus actuaciones, entendida aquí como la gravedad de las infracciones que cometen sus miembros.

Lo que sí queda claro es que la pandilla es una importante escuela del crimen y que, en materia delictiva, sus integrantes se distinguen de manera nítida de los demás adolescentes infractores. Para Tegucigalpa, por ejemplo, la relación entre la incidencia de delitos serios reportados por los primeros es de cuatro a uno con la siguiente categoría del sendero. Con los jóvenes escolarizados la proporción varía, dependiendo del lugar, entre treinta a uno y setenta a uno. Vale la pena por lo tanto analizar con mayor detalle cómo es que opera este mecanismo de entrenamiento, intensificación y diversificación de los jóvenes en materia criminal.

Un punto que se puede señalar es que, a pesar de discrepancias geográficas importantes en términos de incidencia, los datos disponibles no muestran una alta especialización delictiva de las pandillas.

En otros términos, no parece haber, en ninguno de los lugares en dónde se aplicó la encuesta, barreras específicas –normativas, sociales, culturales o morales- que impidan que los jóvenes pandilleros incurran en alguna categoría de delitos. Parecería, por el contrario, que se le miden a cualquier cosa. Como claramente lo expresa un pandillero « tienes que hacer de todo: matar, robar, lo que sea. Si eres pandillero, eres pandillero y haces todo lo que sea para mostrar tu poder » [6].

Una posible excepción a la observación anterior serían las violaciones que, contrariando un idea persistente sobre este ataque como una de las características de la delincuencia en Nicaragua, presentan una incidencia bastante más baja en dicho país. La incidencia que se observa para el delito de secuestro, también más baja en Nicaragua que en Honduras, se puede tomar como un síntoma de unas pandillas menos organizadas y estructuradas que las maras del segundo país.  A pesar de que, como se verá más adelante, los secuestros en Nicaragua, a pesar de su baja incidencia, están relativamente más monopolizados por las pandillas que en Honduras.

La falta de especialización de las pandillas en materia criminal es consistente con una larga tradición en la investigación sobre gangs en los Estados Unidos que describe las actividades de los pandilleros como de estilo cafetería [7] o a la carta, o sea como acciones de grupos que cometen una gran variedad de infracciones y crímenes, sin mayor especialización [8], probablemente dependiendo de las modas, de los caprichos de los jefes, o de la demanda externa por sus servicios. Un escenario de este tipo es bastante poco esperanzador como perspectiva en un mundo criminal cada vez más globalizado, organizado, transnacional y fluido cuando, además, los países centroamericanos cuentan con vecinos bastante curtidos en materia de guerrillas, mafias y grupos paramilitares. Al respecto, no parece un despropósito, ante la reciente revelación de los contactos de la guerrilla colombiana en Honduras [9], imaginar como escenario la subcontratación de mareros por parte de las FARC para, por ejemplo, la ejecución de las etapas iniciales de los secuestros.

Un segundo aspecto que vale la pena destacar con la información sobre infracciones es que entre los pandilleros también se cumple la regla postulada para los delincuentes juveniles en los países desarrollados en el sentido que la incidencia de las infracciones es inversamente proporcional a su gravedad. Este hecho es consistente con el modelo de los senderos hacia la delincuencia, o hacia las pandillas, de acuerdo con el cual la comisión de los delitos más graves normalmente está precedida de incursiones en otras categorías de infracciones menos serias.

De cualquier manera, los datos de las cuatro encuestas confirman la impresión que el hecho de ingresar a una pandilla constituye un paso cualitativo en materia delictiva. Sin profundizar demasiado en el debate, relativamente estéril, de si la pandilla recluta criminales ya experimentados o si, por el contrario, los entrena cuando ingresan a sus filas, el hecho incontrovertible es que, en forma independiente de su territorio de operación, las pandillas concentran una altísima proporción de los infractores, y de manera directamente proporcional a la gravedad de sus ataques. Incluso para asuntos tan triviales como tomar artículos de un almacén sin pagar, o comprar cosas robadas, la frecuencia del reporte de esa conducta es significativamente superior entre los pandilleros que entre el resto de adolescentes y, entre los últimos, dependiendo de su cercanía con las pandillas. 

La magnitud del impacto que tienen las pandillas, o los distintos escaños del sendero que conduce hacia ellas, sobre la probabilidad de que un joven adolescente cualquiera cometa una infracción, se puede cuantificar, y los datos de las encuestas muestran que es considerable. Para realizar este cálculo se estima, con los datos a nivel individual, para cada encuesta, y para cada infracción un modelo Logit en el cual la variable dependiente es si se reporta o no haber cometido la infracción y como variables independientes las que se plantea afectan ese incidente.

Cuadro 4.1
Así, por ejemplo, en Tegucigalpa, el hecho de ser marero multiplica por 50 (cincuenta, o sea un incremento del 5037%) la probabilidad de que un adolescente reporte haber cometido un crimen grave, por 55 la de haber agredido a alguien, por 41 la de vandalismo y por 33 la de saber manejar armas. En la ZMVS esta última probabilidad la incrementa en un factor de 23 el hecho de pertenecer a una mara, mientras que la de cometer un crimen muy grave, o de participar en riñas, las multiplica por 17. Tanto en Managua como en el resto de Nicaragua las diferencias entre el reporte de infracciones por parte de los pandilleros y el resto de adolescentes, aunque sigue siendo importante, es inferior a la que se observa para Honduras. En cierta medida, el Cuadro anterior corrobora la impresión que la generalización de las pandillas es un asunto distinto al de su intensificación o criminalización, y que en sus etapas superiores de desarrollo, las pandillas tienden a monopolizar el mercado criminal.

Para todas las infracciones, por lo general, el mayor impulso para cometerlas claramente se asocia con la vinculación a las pandillas. Este efecto pandilla alcanza a ser diez veces superior  al efecto fuga de la casa o al efecto amigo pandillero sobre los chances de cometer alguna infracción. Estos dos últimos a su vez son más pertinentes que el simple efecto hombre. Como se aprecia en el cuadro, el abandono escolar, per se, tiene un impacto limitado, y reducido en magnitud, sobre el reporte de infracciones. Por otro lado, los resultados de este ejercicio no avalan del todo el diagnóstico tradicional de la precariedad económica como factor primordial en el camino de los jóvenes hacia la violencia y la delincuencia. Ni siquiera para los robos -que es casi la única infracción para la cual sería en principio convincente una relación de causalidad entre pobreza y delincuencia- se observa esta asociación. Tan sólo en una de las encuestas, la de Panamá, que el joven pertenezca al estrato económico bajo se asocia con un mayor reporte de ataques a la propiedad. Al igual que para el resto de infracciones, lo que en mayor medida determina que se cometan es el pertenecer a una pandilla. Fuera de este caso, y el de Tegucigalpa, en dónde el estar situado en lo más bajo de la escala social incrementa la probabilidad de participar en una riña, las escasas asociaciones que se observan entre la pobreza y la violencia juvenil, una vez se controla por los demás efectos, son negativas: el ser pobre reduce la probabilidad de cometer una infracción. 

A pesar de que, como se señaló, en los lugares en dónde se aplicaron las encuestas las pandillas presentan lo que se pueden denominar servicios de delincuencia « a la carta » es posible tener una idea de cuales son los nichos del bajo mundo que tienden a ser monopolizados por las pandillas. Un ejercicio de interés para este objetivo consiste en identificar cuales son las infracciones o crímenes que mejor permiten discriminar a los pandilleros del resto de jóvenes. Para realizar este ejercicio se utiliza también un modelo Logit. Se estima primero una ecuación para determinar las variables que mejor permiten identificar a los pandilleros del resto de jóvenes, ecuación que se expone y analiza más adelante. Posteriormente se adicionan a esta ecuación las variables dicótomas correspondientes al reporte de infracciones. El comentario general de este ejercicio es que corresponde bastante bien con el panorama global de la criminalidad en los países en los que se realizaron encuestas. En primer lugar, en los lugares que, por decirlo coloquialmente, están aún en la etapa de la pandilla rumbera, casi todas las infracciones, incluyendo algunas leves, como lo pequeños robos, las riñas o el vandalismo, separan a los pandilleros del resto de jóvenes. Así, las pandillas nicaragüenses o panameñas aparecen como organizaciones más primitivas que las maras hondureñas, puesto que dos de las infracciones que en mayor medida distinguen a sus integrantes del resto de adolescentes son los robos y las riñas. Aún a ese nivel de bajo desarrollo, ciertos delitos muy graves, como el homicidio, los ajusticiamientos o el secuestro constituyen un rasgo distintivo de los pandilleros. En el otro extermo, las maras en Tegucigalpa parecen ya haber monopolizado, mucho más que las pandillas Nicaragüenses, la venta de droga, el manejo de armas y el delito de homicidio, generalmente asociado con esa actividad.
Cuadro 4.2

Ingresar a la pandilla
Contrastar con encuestas de auto reporte la teoría que parece más sugestiva –la de los senderos hacia la delincuencia juvenil- para explicar la situación final de un joven que hace parte de una pandilla es difícil por dos razones : la primera es que tal tipo de ejercicio requiere normalmente la  realización de encuestas longitudinales aplicadas a una misma cohorte en la que se registre con precisión la secuencia temporal de eventos, en principio nimios y aparentemente irrelevantes, que con el paso del tiempo se acumulan y terminan configurando el sendero. El recuerdo de tales eventos, y sobre todo, el de las fechas de ocurrencia en una encuesta de auto reporte es bastante más incierto. La segunda dificultad es de orden conceptual y está relacionada con el hecho que existe menos tratamiento en la literatura sobre la secuencia de eventos que puedan considerarse constitutivos de una escalada progresiva que conduzca a la decisión –que también puede ser emotiva o trivial- pero sin duda definitiva de ingresar a una pandilla.

A pesar de las observaciones anteriores, vale la pena tratar de elaborar, para explicar la vinculación a las pandillas, la caricatura de un sendero cuyo peldaño final sea el ingreso a tal tipo de grupo. Del análisis de los datos agregados por municipios y de algunas consideraciones conceptuales muy simples, se puede plantear la siguiente secuencia de eventos relevantes : abandono escolar, consolidación de amistad con un pandillero, rompimiento con la familia (salida o fuga de la casa) e ingreso a la pandilla. El tercer peldaño, la salida o fuga de la casa como síntoma de un quiebre en los vínculos familiares, es el que presenta mayores problemas de medición puesto que se trata de un evento o una serie de conductas que, no siempre se manifiesta de manera incontrovertible y que se puede considerar continuo e incluso reversible.

Teniendo en cuenta las observaciones anteriores, vale la pena analizar este sendero –en cierta medida hacia atrás- haciendo la comparación entre los jóvenes que han alcanzado el último peldaño comparándolos, inicialmente, con todos los demás. En otros términos, se puede empezar por el ejercicio de analizar cuales son los factores que mejor permiten discriminar a los jóvenes que reportan haber pertenecido alguna vez a una pandilla de los demás adolescentes. En el Cuadro 4.3 se resumen los resultados de este ejercicio para cada una de las encuestas disponibles. En negrilla se reportan los coeficientes estadísticamente significativos para cada una de las encuestas y en rojo aquellos que resultan significativos en todas las encuestas.

Cuadro 4.3
Surgen varios comentarios. Uno, a pesar de que se pueden identificar varios factores que muestran tener un impacto considerable, y estadísticamente significativo, el poder explicativo de las ecuaciones no es muy alto, siempre inferior al 50%. Aunque esta magnitud parece más que razonable para un ejercicio de corte transversal, se puede afirmar que persiste cierto misterio en las razones que, a nivel individual, llevan a los jóvenes a ingresar a las pandillas. Dos, sólo dos de las variables independientes muestran  tener un efecto estadísticamente significativo, siendo además relativamente uniforme, en todas y cada una de las encuestas : el haberse escapado alguna vez de la casa y el haber consumido droga, también alguna vez en la vida. Con un efecto estadísticamente significativo al 95% en cuatro de las encuestas y un poco menos en la de ZMVS, aparecen en segundo término el ser hombre y  la presencia de pandillas en los barrios que, en casi todos los lugares multiplica por más de cuatro la probabilidad de ingresar a las pandillas.

El abandono escolar, ampliamente reconocido en la literatura como un factor decisivo en los senderos hacia la delincuencia muestra tener un impacto considerable, y estadísticamente significativo en cuatro de las cinco encuestas. El coeficiente no significativo en la ZMVS puede estar relacionado con el hecho, ya señalado, que dadas las dificultades para que la muestra de jóvenes desescolarizados fuera aleatoria, y ciertas peculiaridades coyunturales [10], se puede sospechar que los mareros quedaron sub-representados en esta encuesta y, por lo tanto, el efecto de la escolarización sub-estimado.

Una de las variables considerada, que corresponde a una conducta que se puede calificar de riesgosa cuando se presenta de manera precoz, muestra un impacto significativo sobre la posibilidad de ser pandillero en tres de las encuestas : el inicio de la actividad sexual antes de los 13 años [11].

Con dos de las variables consideradas, si se lograra cierta regularidad en los esfuerzos de medición, que podrían hacerse de manera poco costosa a través del sistema escolar ya implicarían un avance considerable en términos de la posibilidad de focalizar los esfuerzos de prevención. En efecto, los resultados del ejercicio anterior indican que cuando un joven se ha fugado de la casa y, además, vive en un barrio en donde operan pandillas, se pueden prender las señales de alarma para hacerle un seguimiento, identificar los factores que contribuyeron a la fuga, buscar que esta conducta no se repita, y tratar de disminuir la posibilidad tanto de abandono escolar, como de consumo de sustancias, como de otras infracciones que  empiecen a configurar los pasos preliminares hacia las pandillas.

No vale la pena detenerse en este punto a analizar los factores que afectan la decisión de fugarse de la casa. Varios ejercicios realizados con las cuatro encuestas sugieren que hay muchos posibles determinantes, así como peculiaridades locales, que afectan tanto la incidencia global de esta conducta como las diferencias individuales. Por ejemplo, y en forma contraria a lo que se esperaba en principio dado el poder de inducción de las pandillas hacia menos tiempo en la casa y más tiempo en la calle, o más salidas nocturnas, no se encontró una asociación positiva entre la presencia de pandillas en los barrios y la frecuencia de fugas sino, por el contrario y de manera difícil de explicar, una relación levemente negativa.

En la sección siguiente se analiza esta conducta en mayor detalle. La hipótesis que con mayor fortaleza surge de este ejercicio es que, también para los hombres, la salida de la casa responde, ante todo, a la búsqueda de una mayor libertad sexual.

En este punto conviene hacer una aclaración. Puesto que, como se señaló en la sección anterior, uno de los elementos que mejor ayuda a discriminar a los pandilleros del resto de jóvenes es el haber cometido infracciones, sobre todo las más graves, se consideró inconveniente en este ejercicio incluir esta variable dentro del conjunto de factores explicativos ya que, como se vió, los datos de todas las encuestas sugieren considerar, entre los adolescentes, casi como sinónimos los términos de pandillero e infractor.  De hecho, y con algunas diferencias leves, lo que se observa es que en términos generales los mismos factores que ayudan a discriminar a los pandilleros del resto de jóvenes también son pertinentes a la hora de explicar las características esenciales de los jóvenes criminales.
Cuadro 4.4
La primera diferencia digna de mención es que la violencia seria, más que las pandillas, parece ser un territorio predominantemente masculino. El segundo es que la actividad sexual precoz contribuye mejor a explicar la vinculación a las pandillas que la comisión de delitos graves, lo cual tendería a corroborar la importancia de la esta dimensión del comportamiento adolescente como gancho de reclutamiento de las pandillas. La tercera es que, puesto que la proporción de la varianza explicada es menor en la ecuación para todas las encuestas, se puede anotar que la violencia grave entre los jóvenes es un fenómeno aún más difícil de explicar de manera sistemática que el de la vinculación a las pandillas.

El impacto de otros factores
Una vez especificado el que se podría denominar el modelo básico para los pandilleros vale la pena contrastar, con las distintas encuestas, la relevancia de algunos elementos que con frecuencia se mencionan como factores determinantes de la decisión de ingresar a una pandilla. El primer conjunto de variables cuyo impacto vale la  pena analizar es el relacionado con la situación económica de los jóvenes. Para esta variable, se dispone en las encuesta básicamente de dos indicadores : la percepción del joven en cuanto a su clase social o estrato y, de manera más indirecta, el nivel educativo de la madre. Con base en el primero, se pueden construír dos variables dicótomas adicionales : que el joven manifieste pertenecer a la clase baja o a la clase alta. Con base en el segundo, también se construye un conjunto de variables dicótomas correspondientes a cada nivel educativo. En el Cuadro 4.5 se resumen los resultados del ejercicio consistente en agregar al conjunto de variables del modelo básico de pandilleros, de manera individual, cada uno de los indicadores disponibles sobre la situación económica del joven. Para simplificar la presentación, se consignan en el cuadro tan sólo los coeficientes de la nueva variable.
Cuadro 4.5

El comentario general que suscita este ejercicio es que, como se había señalado, por fuera del impacto que se da a través de la vinculación del joven al sistema educativo, la situación económica tiene un alcance limitado para explicar las diferencias entre los jóvenes pandilleros y el resto de adolescentes. Con la excepción de Tegucigalpa, en dónde se observa que el pertenecer al estrato alto aumenta la probabilidad de pertenecer a una pandilla, la percepción de la clase social de los jóvenes no contribuye, en ninguna de las encuestas, a discriminar a los pandilleros. El nivel de gasto mensual reportado por los jóvenes tampoco ayuda a explicar la afiliación a las pandillas. Un indicador indirecto de situación económica, el nivel educativo de la madre muestra algo más de relevancia en Tegucigalpa y en Panamá, pero no en las otras localidades.

Un segundo grupo de factores con frecuencia mencionados en la literatura sobre violencia juvenil tiene que ver con los antecedentes familiares del joven, no necesariamente relacionados con la situación económica del hogar. Cuestiones como el tamaño de la familia –como indicador de hacinamiento- o la conflictividad en el hogar, el maltrato físico, el abuso sexual o la violencia doméstica, se mencionan recurrentemente como factores que empujan a los jóvenes hacia las pandillas. Para contrastar estos planetamientos se realizó el ejercicio de incluir cada una de estas variables en la ecuación de pandillero, con los resultados que se resumen en el Cuadro 4.6.
Cuadro 4.6

El comentario global que surge del análisis de estos resultados es que en los ambientes con pandillas menos desarrolladas, y con presencia más masiva en los barrios, como Nicaragua o Panamá, es dónde se percibe un mayor impacto del entorno familiar sobre la posibilidad de vinculación a las pandillas. Allí es dónde, por ejemplo, los conflictos en el hogar muestran mayor capacidad para expulsar a los jóvenes hacia la calle. Pero también es allí en dónde la capacidad de retención de los jóvenes, con medidas simples de supervisión parecen surtir mayor efecto. En los lugares más curtidos, con presencia de maras más organizadas, como Tegucigalpa y la zona del Sula, el entorno familiar muestra tener un impacto mucho menor, y sólo incidentes extremos, como por ejemplo el abuso sexual, parecen tener alguna repercusión sobre la violencia juvenil.

Este resultado, se podría interpretar planteando que la violencia juvenil más difusa, espontánea y desorganizada de las pandillas rumberas es bastante más sensible a medidas preventivas que tengan como eje el entorno familiar que la más concentrada, grave y delictuosa de las maras organizadas. En el segundo caso que, como se ha sugerido, parece darse asociado con un reclutamiento menos masivo y más selectivo de jóvenes, y una intensificación de la gravedad de las infracciones, las tareas meramente preventivas tendrían menos alcance.

No sobra señalar que varios de los factores de riesgo originados en los conflictos familiares ya parecen estar captados en la ecuación a través del impacto de la fuga de la casa, variable que, como se expone en detalle más adelante, recoge adecuadamente estos efectos.

El tercer conjunto de variables que con frecuencia se mencionan como determinantes de la violencia juvenil y que, por esa razón, se han considerado pertinentes como base para el diseño de algunos programas de prevención, tiene que ver con la dimensión del ocio, el deporte y, en general, con el uso del tiempo libre de los jóvenes. El argumento básico es que parte de la violencia juvenil se puede explicar por las dificultades que, asociadas con las carencias de infraestructura recreativa o deportiva, tienen los jóvenes para utilizar adecuadamente sus momentos de ocio.  En las encuestas realizadas se incluyó un buen conjunto de indicadores relativos al deporte y al uso del tiempo libre por parte de los jóvenes, con los cuales se puede repetir el ejercicio de analizar si, en forma adicional a las variables incluidas en el modelo básico de pandilleros, estas variables contribuyen o no a la explicación sistemática del fenómeno. Los datos disponibles sugieren que, en términos globales, no parece ser esta la dimensión más pertinente para explicar la afiliación a las pandillas. 
Cuadro 4.7

En efecto, fuera de la observación, relativamente obvia, que los pandilleros muestran una mayor tendencia a pasar el tiempo libre en la calle y que, por el contrario, los jóvenes que en sus ratos de ocio permanecen ante todo en la casa es menos probable que sean pandilleros, la información de las encuestas no muestra ninguna asociación sistemática entre el deporte, o el uso del tiempo libre y la violencia juvenil. En algunos lugares, como Nicaragua, se observa una relación perversa entre el fenómeno de las pandillas y el deporte, en particular el fútbol y una asociación negativa con el beisbol. Pero sería arriesgado interpretar estos resultados más allá de la afirmación que, en ese país, a los pandilleros les gusta el fútbol y no el beisbol.

Por otra parte, fuera de un extraño y aislado efecto parque que se observa en Panamá, los datos de las encuestas muestran que los programas preventivos centrados en el suministro, o la mejora en la calidad, de canchas, parques, o en general infraestructura en los barrios no tienen mayor efecto sobre el fenómeno de las pandillas.

La amistad con los pandilleros
Con la misma lógica de analizar el sendero hacia las maras de atrás hacia adelante, vale la pena en segunda instancia tratar de entender los factores que facilitan que las pandillas establezcan una red de amistades entre los jóvenes desde dónde, es razonable suponer, se reclutarán después los nuevos miembros de las pandillas. En ese sentido, un primer ejercicio de interés consiste en analizar si los mismos factores que ayudan a discriminar a los pandilleros del resto de adolescentes también contribuyen a explicar las diferencias entre quienes cuentan con un amigo pandillero y los adolescentes que no han establecido esos lazos con las pandillas.
Cuadro 4.8

Estos resultados suscitan varios comentarios. El primero es que los mismos dos factores significativos en todas las encuestas en la ecuación de pandilleros –la fuga de la casa y el consumo de droga- conservan su poder explicativo. El segundo es que se vuelve aún más pertinente como factor de riesgo la presencia de pandillas en los barrios. También aumenta la relevancia del sexo precoz que por un margen muy pequeño (en Tegucigalpa) no califica para ser generalizable a los distintos escenarios en los que se aplicó la encuesta. Por otra parte, pierde por completo su capacidad discriminatoria entre los dos grupos el asunto de la escolaridad. En otros términos, si bien ante la decisión crítica y definitiva de ingresar a la pandilla el sistema escolar parece ofrecer algún tipo de protección, para la etapa previa en el sendero hacia las pandillas –los lazos de amistad- su efecto es bastante inocuo.

Adecuando ligeramente el conjunto de variables utilizadas para explicar por qué ciertos jóvenes establecen lazos de amistad con miembros de las pandillas y otros no, se llega a los resultados presentados en el cuadro 4.9.

Cuadro 4.9
Sobre estos resultados caben varios comentarios. Uno, la situación de amistad con los pandilleros muestra tener más elementos comunes y generalizables a distintos lugares y, simultáneamente, una mayor dificultad para ser explicada sistemáticamente. Dos, la presencia de pandillas en los barrios sobresale no sólo como el factor con mayor impacto sobre la amistad con los pandilleros sino como aquel que presenta un coeficiente más significativo. Este sólo punto señala la importancia, para prevenir la afiliación de los jóvenes a las pandillas, de actuar en diversos frentes, incluyendo algunos esfuerzos para tratar de controlar, o restringir geográficamente la presencia de las pandillas ya constituidas. Tres, la fuga del joven de la casa se vuelve a destacar como un elemento estrechamente asociado con el establecimiento de redes de amistad con las pandillas. Cuatro, se corrobora la caricatura de la pandilla, y de su entorno de amigos, como un elemento promotor de la rumba entre los adolescentes. Cinco, aparece un nuevo elemento, el deporte, tradicionalmente visto como factor preventivo de la delincuencia juvenil, como algo que facilita el establecimiento de contactos y lazos de amistad entre las pandillas y los adolescentes. Seis, la supervisión familiar ejercida sobre las actividades del joven [12] muestra tener un efecto en aquellos entornos en donde el fenómeno de las pandillas está más extendido pero menos criminalizado.

Prostitución adolescente y pandillas
Como ya se señaló a partir del análisis de los datos agregados de todas las encuesta, y se analizará con algún detalle más adelante con la información de Nicaragua y Panamá, son múltiples los vínculos entre el fenómeno de las pandillas y el de la prostitución adolescente. En ambos casos se trata de jóvenes más propensos a ser víctimas de ataques criminales, mayores consumidores de tabaco, alcohol y drogas, mayor reporte de infracciones y una alta incidencia de violencia al interior de la pareja. La cercanía a las pandillas así como el comercio sexual incrementan considerablemente el riesgo de que una joven adolescente sea maltratada físicamente por su pareja.

Un vínculo adicional que merece ser destacado es el del paralelismo en los elementos que los empujan a ellos hacia las pandillas y a ellas hacia la prostitución.

Gráfica 4.7

En particular, conviene destacar que los que se pueden considerar los factores de riesgo primordiales de la afiliación de los jóvenes a las pandillas, tanto los que expulsan hacia la calle, la fuga de la casa y el abandono escolar, como los que atraen, la presencia de pandillas en los barrios, son pertinentes para discriminar a las jóvenes que reportan haber vendido servicios sexuales. Así, a las manifestaciones que son comunes a ambos fenómenos –mayor victimización, consumo de sustancias y reporte de infracciones- al ejercicio sistemático de violencia por parte de los pandilleros sobre las prostitutas adolescentes se podría sumar también un alto nivel de empatía resultante de un recorrido similar desde la casa hacia la calle.

Aunque por la manera como se levantaron las encuestas, y en particular por el hecho que la muestra de jóvenes no escolarizados no fue aleatoria, no es posible hacer a partir de ellas estimaciones de incidencia –de pandillas o de prostitución adolescente- y mucho menos comparaciones entre dos lugares. A pesar de la observación anterior, y puesto que la muestra de jóvenes estudiantes, tanto en Nicaragua como en Panamá, si es aleatoria, se puede comparar, en el medio estudiantil la incidencia de ambos fenómenos. Lo que este ejercicio sugiere es que, en Panamá, la magnitud del fenómeno de las pandillas es bastante similar, entre los hombres escolarizados (10.5%), a la de la prostitución entre las mujeres adolescentes (9.5%). En Nicaragua tanto la incidencia de pandillas (4.5%) como la de la prostitución femenina (0.6%) dentro del sistema educativo son inferiores, siendo la segunda bastante inferior a la primera. 

Fugarse de la casa
Puesto que el haberse fugado de la casa constituye uno de los factores de riesgo pertinentes para explicar tanto la afiliación a las pandillas como la prostitución adolescente, vale la pena indagar cuales son los elementos que contribuyen a discriminar a los jóvenes que muestran haber tenido este gesto de rebeldía.
Cuadro 4.10

La observación del Cuadro 4.10 en dónde se resumen estos resultados sugiere que existen dos categorías de factores que ayudan a explicar las fugas de los adolescentes. Están por un lado los elementos que expulsan al joven de la casa a la calle, y dentro de estos, se destaca el haber sido víctima de un abuso sexual, variable que muestra tener un efecto estadísticamente significativo sobre el reporte de fugas y con una magnitud importante, puesto que multiplica tal probabilidad por un factor comprendido entre dos y cuatro. Otro indicador de conflictos en el hogar, la frecuencia de peleas muestra un efecto menos homogéneo en las distintas encuestas. En sólo una de las encuestas, la de Panamá, se dispone de información sobre historia de maltrato físico al joven, y se encuentra un efecto positivo, y estadísticamente significativo sobre esta expulsión del joven hacia la calle.

Por lo general, la fuga de casa aparece como una conducta más masculina que femenina, aunque la diferencia por géneros no es muy importante. Con la excepción de Managua, aparece una asociación negativa entre la rebeldía adolescente y la capacidad de supervisión de la familia sobre las actividades de los jóvenes. En cuatro de las encuestas, la supervisión familiar se asocia una reducción del 40%-60% en la probabilidad de reportar una fuga de la casa. Con la misma excepción de Managua, el indicador básico de fracaso escolar, haber perdido algún curso, muestra tener un impacto positivo, y estadísticamente significativo,  sobre los chances de escapada del entorno familiar.

Está por otro lado, y claramente con un efecto mayor en cuanto a su magnitud y a su significancia estadística, aquellos elementos que atraen al joven desde la calle. Tanto los lazos de amistad con los pandilleros, como los hábitos rumberos –medidos acá por el número de salidas nocturnas a la semana- como el ser o no sexualmente activo muestran una gran capacidad para caracterizar a los jóvenes que reportan haberse volado alguna vez del hogar sin el consentimiento de sus padres.

Es conveniente señalar que el reporte de consumo de droga también está muy asociado con el de escapadas del hogar y, de hecho, se explica bien con los mismos tres indicadores de atracción del joven hacia la calle : el contar con un amigo pandillero, las salidas nocturnas y la actividad sexual.

Abandono escolar
La otra variable de gran relevancia para explicar tanto la violencia juvenil entre los hombres como la prostitución adolescente femenina tiene que ver con la desvinculación del sistema educativo. Al analizar los factores que permiten distinguir a los adolescentes que aún estudian de aquellos que han abandonado el sistema escolar se destacan dos aspectos. El primero es la importancia de la situación económica como elemento que sustenta o facilita la escolaridad. A diferencia de lo que ocurre con la fuga de la casa, que parece igualmente probable en todos los estratos sociales, el abandono escolar se presenta como un riesgo bastante mayor entre la población más desfavorecida económicamente. Es posible que el impacto de la precariedad económica sobre la posibilidad de desvinculación del sistema educativo esté sobre estimado por el problema, señalado repetidamente, de la falta de representatividad de la muestra de jóvenes no escolarizados.

El segundo punto digno de mención es la abismal diferencia que se observa entre hombres y mujeres a la hora de explicar el quiebre de la escolaridad. En particular, un incidente que, en todas las encuestas, prácticamente obliga a las mujeres a salirse de la escuela, el embarazo adolescente, no tiene un impacto tan drástico entre los hombres. 

Cuadro 4.11
A diferencia de la fuga de la casa, para la cual en cierta medida predominaba el impacto de los factores de atracción desde la calle, para el abandono del sistema escolar este tipo de variables no muestran tener un efecto consistente ni significativo en términos estadísticos. Tanto la rumba como los vínculos de amistad con los pandilleros parecen totalmente compatibles con la vida estudiantil ya que ninguno tiene mayor efecto sobre los chances de abandono. A pesar de la observación anterior, y, como se señaló, con una marcada diferencia por géneros, se observa en los datos un alto grado de incompatibilidad entre la actividad sexual de las mujeres y la escolaridad. Además, la información disponible sugiere que este efecto, y su asimetría entre hombres y mujeres, se da básicamente a través del embarazo adolescente que se puede decir es uno de los elementos que en mayor medida contribuye a discriminar a las mujeres que han abandonado la escuela de las demás, sin que se observe un impacto similar entre los jóvenes varones, para quienes la paternidad afecta menos la posibilidad de continuar con sus estudios. El efecto es de tal magnitud que, por ejemplo, en la zona del Sula en Honduras o en Nicaragua la probabilidad de abandono de los estudios por una joven se multiplica por más de setenta (70) veces con el embarazo. En Managua, la totalidad de las adolescentes que reportan haber estado embarazadas están por fuera del sistema escolar, con lo cual se hace imposible cuantificar tal impacto. En el lugar dónde menos repercute, Panamá, los chances de desescolarización se multiplican por más de tres.

Se podría interpretar este resultado argumentando que el sistema educativo está en buena medida previniendo el embarazo adolescente entre las mujeres jóvenes y que, dado un nivel de actividad sexual, el abandono escolar incrementa el riesgo de quedar preñada. Lamentablemente no parece ser esta una interpretación correcta de lo que ocurre, y es que el embarazo adolescente afecta muy negativamente las posibilidades de estudiar de las mujeres. El impacto es tan devastador que incluso, por una especie de efecto disuasivo, parece alcanzar a tener repercusiones sobre la sexualidad adolescente femenina. En efecto, a diferencia de lo que ocurre con los hombres, el haber tenido relaciones sexuales muestra, para las mujeres, y en todas las edades, una relación negativa con la escolaridad.
En forma independiente de las consecuencias negativas que pueda acarrear un embarazo prematuro, algo parece funcionar mal con un sistema educativo que exige castidad, y además de manera casi exclusiva a las mujeres. 

Otro elemento que vale la pena destacar por su efecto sobre el abandono escolar es el de los vínculos familiares con el extranjero como factor que contribuye a la retención dentro del sistema educativo. Con la excepción de Panamá, en todas las demás localidades el hecho que el joven manifieste que alguien de su familia está radicado en el exterior, disminuye de manera significativa los chances de abandono escolar.

Pandillas, rumba y sexo
Aunque en la literatura sobre pandillas o delincuencia juvenil son escasas las referencias al comportamiento sexual de los jóvenes, y menos aún a sus eventuales vínculos con el ejercicio de la violencia, la delincuencia o la afiliación a pandillas, los datos de las encuestas realizadas en Honduras, Nicaragua y Panamá sugieren, una y otra vez, que se trata de una dimensión de la vida de los adolescentes, y en particular de los pandilleros, que no puede ser ignorada.

Al nivel más general del análisis, con los datos agregados a nivel de municipios, se observa una relación positiva, aunque no muy estrecha (índice de correlación del 54%), entre el índice de presencia de pandillas en los barrios y el indicador más simple de actividad sexual de los hombres jóvenes : el haber tenido o no una relación sexual en el momento de la encuesta. La manera más simple y directa de interpretar esta asociación sería como una extensión de la caricatura de la mara o pandilla como elemento inductor de la rumba. No parece demasiado arriesgado plantear que una faceta adicional de una vida con mayor consumo de tabaco, de alcohol o de drogas y con una mayor intensidad de salidas nocturnas, como la que, se vio, parecen promover las pandillas entre los adolescentes, es la de una mayor probabilidad de iniciarse en la vida sexual. En forma consistente con este escenario, la visión de las pandillas como un factor de rebeldía contra ciertos estándares normativos impulsados por la familia y la escuela también encaja como elemento liberador de las restricciones a la actividad sexual.

Esta noción de las pandillas como una instancia que induce, facilita o promueve la liberación sexual de los adolescentes se corrobora al observar que, dentro de lo que se puede considerar el entorno de tales agrupaciones juveniles se da una mayor incidencia de jóvenes sexualmente activos, fenómeno que, además, está positivamente asociado con la presencia de pandillas en los barrios. En efecto, entre los hombres jóvenes que reportan tener lazos de amistad con un pandillero, la proporción de los sexualmente iniciados no sólo es superior a la del total de jóvenes sino que parecería ser proporcional a la influencia de estos grupos. Algo similar puede decirse de un colectivo de jóvenes cuya relevancia ya se destacó y que resulta ser bastante próximo a las pandillas y es el de los adolescentes que se han fugado de la casa.

Para los pandilleros propiamente dichos, es interesante observar cómo, aunque en promedio presentan los índices más altos de inicio de la vida sexual, los mayores niveles se dan en municipios en dónde su presencia no es muy extendida [13].

La identificación del  conjunto de adolescentes que se han fugado de la casa, y que sin ser miembros de las pandillas presentan similitudes con sus miembros en varias dimensiones –y de manera más marcada que el grupo de amigos de los pandilleros, o de los jóvenes desescolarizados- es útil porque permite elaborar un sendero de acercamiento hacia las pandillas o sea definir una secuencia de situaciones que ayudan a explicar la vinculación progresiva de los jóvenes con tales grupos.

Un posible modelo para este sendero estaría constituido por las siguientes etapas : (1) abandono escolar ;  (2) amistad con un pandillero ; (3) fuga de la casa. La hipótesis general de trabajo es que a medida que se avanza en este sendero, el comportamiento de los jóvenes se asemeja cada vez más al de los pandilleros. Por lo tanto, los distintos elementos asociados a cada uno de estos pasos pueden ser útiles para explicar la decisión final tomada por algunos jóvenes de ingresar a la pandilla.

Aunque para el análisis de este tipo de secuencia, y para contrastar con precisión las hipótesis sugeridas por la literatura sobre senderos hacia la delincuencia, se requiere de encuestas longitudinales de seguimiento de una misma cohorte de jóvenes, es posible a partir de las encuestas de auto-reporte simular tal tipo de instrumento, sin perder de vista que la información sobre la secuencia temporal de los eventos es muy imprecisa. De cualquier manera, el modelo del sendero hacia las pandillas, parece útil para analizar no sólo ciertos aspectos básicos de la actividad sexual, o los indicadores de rumba, como se hace a continuación, sino asuntos más directamente relacionados con la violencia y la delincuencia, basados en el reporte de una detallada gama de conductas problemáticas que van desde las pequeñas infracciones hasta los crímenes más graves. 

En forma consistente con lo que mostraban los datos agregados por municipios, en el sentido que la presencia de pandillas parece inducir la liberación de las conductas sexuales de los jóvenes, los datos agrupados, para cada una de las encuestas, en los distintos conjuntos de jóvenes cuyo comportamiento se asimila progresivamente al de los pandilleros –estudiantes, desescolarizados, amigos de pandilleros y fugados de la casa- también sugieren que la mayor cercanía con los pandilleros está asociada con un mayor reporte de actividad sexual. Así, y de manera relativamente independiente del lugar, los pandilleros reportan mayor actividad sexual que los adolescentes que se han fugado, a su vez activos sexualmente en mayor proporción que los amigos de pandilleros, que a su turno reportan en mayor proporción que el resto de jóvenes –desescolarizados y escolarizados- el haber tenido relaciones sexuales.

Por otro lado, con algunas excepciones locales, el sendero hacia las pandillas se caracteriza por una reducción en la edad de inicio de la vida sexual. Con diferencias regionales más marcadas que para la proporción de pandilleros sexualmente activos (variable que en las cuatro encuestas se sitúa alrededor del 80%) en las  cuatro encuestas se observa que son los jóvenes formalmente vinculados a las pandillas quienes en una edad más temprana inician su actividad sexual.

Los pandilleros y su entorno aparecen no sólo como quienes en mayor proporción y de manera más precoz han tenido relaciones sexuales sino que también resultan ser los más promiscuos y, consecuentemente, los más fértiles. En ocasiones, como en Tegucigalpa, la diferencia en el acceso a una mayor variedad de personas para una experiencia sexual entre los pandilleros y el resto de jóvenes es de más de dos a uno con la categoría anterior del sendero y de cerca de ocho a uno el resto de jóvenes escolarizados.

Los datos agrupados por las categorías de un sendero de acercamiento a las pandillas permiten retomar la noción planteada atrás que las pandillas pueden ser vistas como mecanismos promotores del vacile y de la rumba y que la práctica del sexo es una de las dimensiones características de un pasárselo bien que también incluye consumo de tabaco, de alcohol, de droga o momentos nocturnos de rumba. También en ese tipo de actividades se observa un claro liderazgo de los jóvenes pandilleros y, por otra parte, un escalamiento en la incidencia de esas conductas a medida que los adolescentes avanzan a lo largo del sendero hacia las pandillas. En términos del consumo de sustancias –tanto legales como ilegales- la tendencia a incrementarlo a medida que se avanza en dicho sendero es clara, más marcada para las drogas que para el tabaco o alcohol y parece independiente de la localidad.

Por otra parte, a nivel de lo que se podrían denominar los indicadores de rumba disponibles en las encuestas -el número de salidas nocturnas por semana y la manifestación de pasar la mayor parte del tiempo libre en la casa- también se destacan los jóvenes pandilleros y, en su entorno, los demás adolescentes de manera directamente proporcional a su cercanía con los primeros.

Es claro que la caricatura propuesta de las pandillas como mecanismo de promoción e inducción a la rumba resulta incómoda para quienes defienden a ultranza la idea que la principal –a veces la única- explicación relevante para la vinculación a las pandillas es la precariedad económica y la falta de adecuadas perspectivas laborales.  No resulta fácil de encajar en una esquema puramente materialista el escenario, evidente en los datos, que los jóvenes supuestamente empujados a la delincuencia por la pobreza sean, simultáneamente, los mayores consumidores de tabaco, alcohol y drogas, los más activos participantes en la vida nocturna y los hombres de mayor éxito en el competido mercado de las parejas, ya que todas estas actividades requieren disponibilidad de recursos económicos, probablemente más de los necesarios para pasar el tiempo libre en la casa y seguir vinculado al sistema educativo.

Dejar de ser pandillero
Un poco menos de la mitad (44.6%) del total de jóvenes pandilleros encuestados manifiestan haber dejado de serlo. Alrededor de este promedio, sin embargo, se observan importantes diferencias regionales, siendo mayor la proporción precisamente en aquel lugar, la zona metropolitana del Zula, en dónde el reporte de haber pertenecido a una pandilla era el menor.
Gráfica 4.8
Un interrogante que vale la pena resolver es si los mismos factores que permiten explicar el ingreso a pandilla sirven para explicar la decisión de abandonar el grupo. Aún teniendo en cuenta que el tamaño de la muestra de pandilleros en varias de las encuestas es muy reducido, con lo cual es difícil obtener resultados estadísticamente significativos, podría decirse que la respuesta a este interrogante parece negativa. El camino de ida hacia la pandilla parece diferente del de regreso.


Cuadro 4.12
Son dos los factores que muestra un efecto consistente, tanto entre encuestas como con relación a la ecuación de ingreso a la pandilla, y son la desvinculación del sistema educativo y la presencia de pandillas en los barrios que, ambos, favorecen la entrada a la pandilla y, a la vez, tienen un efecto negativo sobre las posibilidades de salida.  En dos de las encuestas el primero alcanza a marcar una diferencia estadísticamente significativa entre los pandilleros y los que abandonan las bandas.

Otro interrogante que vale la pena abordar es si ciertos elementos tradicionalmente considerados relevantes en materia de prevención de la violencia juvenil, tienen algún impacto significativo sobre los chances de abandono de las pandillas. Con relación a la situación económica de los jóvenes, o a sus posibilidades laborales, las encuestas disponibles no permiten mayor optimismo acerca de la posibilidad de reinsertar jóvenes pandilleros con programas basados tan sólo en esta dimensión. En primer lugar, con la excepción de Panamá, en ninguna de las localidades el hecho de contar con un empleo remunerado ayuda a discriminar a los ex pandilleros. Es también este el único lugar, junto con la zona del valle del Sula en dónde la situación económica de la familia parece ser un elemento que ayuda a abandonar la pandilla. De resto, la única dimensión que en alguna medida afecta la desvinculación, y de manera muy dispar, es el nivel educativo de la madre.

Cuadro 4.13
El efecto de la recreación, el deporte y en general el uso del tiempo libre sobre la probabilidad de abandonar la pandilla presenta grandes disparidades geográficas. Por esta misma razón, la reinserción basada en esta dimensión de las actividades juveniles no puede tomarse adoptarse como una estrategia general, aplicable en cualquier contexto.

Cuadro 4.14
En términos generales, la práctica deportiva no es un elemento que permita discriminar a los jóvenes que han abandonado las pandillas. La disponibilidad, o la calidad de la infraestructura deportiva y recreativa no muestra tener un efecto homogéneo. Mientras que, en Panamá tanto la disponibilidad de canchas o parques como, sobre todo, su nivel de calidad sí parecen tener algún poder para estimular la reinserción de los pandilleros, en Nicaragua, por el contrario, esas mismas variables relacionadas con la infraestructura del barrio muestran tener un efecto perverso, pues contribuyen a mantener a los jóvenes vinculados a las pandillas. Tanto en Tegucigalpa como en Managua el único elemento que parece contribuir a que los jóvenes se salgan de la pandilla es el traslado del lugar dónde se pasa la mayor parte del tiempo libre de la calle a la casa. Otro tanto puede decirse del resto de municipios nicaragüenses, con lo cual se explica el efecto perverso de la infraestructura del barrio, que no ayudaría al retorno del joven a su casa.

El efecto que tiene el haber cometido distintas infracciones sobre el vínculos de los jóvenes con la pandilla varía considerablemente tanto entre encuestas como para las distintas infracciones. Así mientras, por ejemplo, en Panamá tres de las infracciones consideradas en la encuesta –el vandalismo, el  andar armado y las riñas- tienen un efecto de retención de los pandilleros, pues disminuyen la probabilidad de deserción, en Nicaragua este mismo efecto lo tienen casi todas las infracciones, o sea que salen de las pandillas sobre todo quienes no han cometido infracciones.


Cuadro 4.15
En Tegucigalpa, por el contrario, el hecho de haber cometido varias de las infracciones, y aún las más graves tiene un efecto de expulsión de la pandilla.

Las actuaciones del sistema policivo y judicial no muestran una capacidad uniforme ni coherente para discriminar a los jóvenes que se salen de la pandilla. Mientras que en Honduras la proporción de detenidos es mayor entre los ex pandilleros que entre quienes no se han desvinculado de las pandillas, lo que sugeriría  cierto efecto disuasivo, en Nicaragua y Panamá, aparece, al contrario, una mayor tasa de detención entre los que permanecen en las pandillas. De cualquier manera, como se muestra en el Cuadro anterior, en ninguna de las encuesta se percibe un efecto estadísticamente significativo de las detenciones sobre la deserción de las pandillas.

Gráfica 4.9
Con respecto a las detenciones, con frecuencia se señala que existe una alta discriminación en contra de los pandilleros, una especie de estigmatización que hace que por su simple aspecto se vean acosados por las autoridades. Además que, por esa vía, se da cierta criminalización de la pobreza. Este señalamiento es tan sólo parcialmente cierto, y presenta importantes diferencias por regiones. Así, mientras en Nicaragua y en Panamá se observa que aún después de controlar por los distintos elementos que pueden influir en que un joven reporte haber estado detenido –edad, el género, los hábitos de salidas nocturnas, ser del estrato social más bajo, o haber cometido infracciones- el simple hecho de ser pandillero incrementa significativamente la probabilidad de una detención, en Honduras no se observa tal fenómeno de discriminación contra los pandilleros.

Cuadro 4.16
De hecho, el único elemento que, en todas las encuestas, contribuye de manera estadísticamente significativa a caracterizar a los jóvenes que han tenido problemas con las autoridades es el reporte de infracciones. La discriminación en contra de los estratos bajos se observa tan sólo en Nicaragua. También allí, y en Panamá, se observa cierta estigmatización en contra de los hábitos rumberos.



[1] Ver por ejemplo Klein et. al. (2001)
[2] Aunque la pregunta que se hizo en la encuesta implica a nivel individual una respuesta dicótoma (existen o no pandillas en el barrio), en el agregado esa respuesta puede tomarse como un indicador de intensidad de presencia de las pandillas en una localidad. El umbral del 40%-50% significa que más o menos la mitad de los jóvenes piensan que en el barrio en dónde viven operan pandillas.
[3] Para la encuesta de Panamá no se incluyó esta pregunta y por esta razón no se reporta este resultado.
[4] En este caso no se trata de la tasa para el último año sino alguna vez en la vida.
[5] Basado en la pregunta « ¿Qué tan seguro te sientes en las calles de tu barrio? »  con cuatro alternativas de respuesta : 1) muy inseguro, 2) inseguro, 3) seguro, 4) muy seguro.
[6] Testimonio del pandillero José Alemán tomado de « Las ‘maras’ en Centroamérica: de las guerras civiles a la ultraviolencia callejera ». El Tiempo,  Marzo 30 de 2005
[7] Decker (2001)
[8] Algunos trabajos sobre pandillas en Europa muestran, por el contrario, cierto nivel de especialización. Ver Klein et. al. (2001)
[9] Ver por ejemplo « Detenidos dos hondureños por vinculación con las Farc » El Espectador, Marzo 25 de 2005


[10] Esta encuesta se realizó en un momento peculiar, de importante repliegue de las maras en la zona por una fuerte represión.
[11] Por la misma razón de sub-representación de pandilleros en la muestra de desescolarizados en la ZMVS se puede pensar en una subestimación del impacto de estas variables.
[12] Basado en la pregunta sobre si en la familia saben dónde está el joven cuando sale de la casa.
[13] En alguna medida se repite la cuestión del trade-off entre la generalización del fenómeno y su intensidad, en forma paralela al que se observaba entre la presencia de pandillas y la gravedad de las infracciones cometidas.