El impacto de la droga y el MAS


Del rapto a la pesca milagrosa
Breve historia del secuestro en Colombia

La relación que se ha dado en Colombia entre el secuestro y las narco actividades ha sido variada y compleja. Los vínculos van desde los obvios y directos –narcotraficantes que secuestran, o viceversa- hasta los indirectos y sutiles. Dentro de estos últimos vale la pena señalar que las drogas facilitaron en Colombia el reemplazo de la cantera de víctimas extranjeras con rescates gigantescos –lo típico de los años setenta- por un número mucho mayor de víctimas locales que pagaban una suma sustancialmente menor por cada liberación. Esta tesis está expuesta, y sustentada por testimonios, en el trabajo de Peña (1997) para la región aledaña a Bogotá. La relevancia proviene del hecho que se trata de guerrilleros del frente 22 de las FARC, que ha sido uno de los más activos en materia de secuestro. La dinámica, aunque indirecta, es relativamente simple.

La vocación casi innata de los grandes traficantes colombianos por adquirir propiedades tuvo como consecuencia un marcado incremento de los precios de la tierra. Esta tendencia no tardaría en convertirse en motor de la especulación en propiedad raíz. En esencia, se pensaba que para cualquier precio que se fijara por una hectárea habría un comprador al contado. Una consecuencia de lo anterior fue el desplazamiento de pequeños propietarios campesinos –que tentados por precios de fábula vendían sus terrenos- y su reemplazo por clases urbanas acomodadas atraídas por la sostenida valorización y que, complementariamente, buscaban un sitio para descansar e incluso ejercer al margen algunas actividades agropecuarias. 

Así, el burgués urbano propietario de una finca de recreo, o el ganadero de fin de semana, se convirtieron en la típica víctima del secuestro a partir de los años ochenta. Desde el punto de vista de las guerrillas rurales, es difícil concebir unas presas potenciales más adecuadas para el propósito de financiar la lucha revolucionaria: en condiciones precarias de seguridad, los representantes de la burguesía urbana se acercaban a las zonas rurales dónde los grupos subversivos se movían con gran facilidad, y dónde tenían todas las intenciones de permanecer. “Era claro que con la burguesía, se movía el dinero hacia estos municipios donde estaban sus fincas de recreo, y de la misma forma se movían las contradicciones del país, aglutinadas en un inicio solo en la capital …  El avance en Cundinamarca lo hicimos por la región del Tequendama, en municipios como Anapoima. En la Sabana trabajamos en Bojacá, Zipacón, Cachipay, Sasaima, y otros pueblos donde los grandes empresarios del pais tienen sus sitios de descanso … La esencia de la lucha sin embargo sigue estando en el campo, sobre todo porque la mayor parte de los miembros del movimiento somos campesinos”. (Peña 1997 pp. 9 a 14)

Desde la perspectiva local, se trataba siempre de foráneos, sin mayores raíces o redes de apoyo, con muestras de riqueza superflua y conspicua. Y con el agravante colombiano del profundo abismo social y cultural, la falta de respeto rayando en el maltrato, que, cuando no son paternalistas, caracteriza las relaciones de la burguesía urbana con los campesinos.

De esta manera se replicaba a nivel regional, en los pueblos y veredas, el escenario típico de la fase anterior del secuestro: el diplomático o ejecutivo de multinacional extranjera. Como si lo anterior fuera poco, la consolidación de los grupos subversivos en las áreas rurales aledañas a las grandes urbes facilitaba el objetivo estratégico de “abrir corredores” hacia la ciudad. La falta de vinculación de estas nuevas víctimas con la estructura económica local, ayudan a explicar por qué los grupos subversivos optaron por la modalidad predatoria –el secuestro- en lugar de la más cómoda y continua de la extorsión o boleteo. “La política en esta zona ha sido la retención. No vacunamos porque eso espanta a la gente …En el frente 22 no vacunamos, esa es una política de financiación que no es buena porque marea a la masa, eso es mejor hacer una sola retención a un duro y sacarle una buena contribución”. (Peña 1997 pp 14 y 18).

El segundo vínculo con la droga es el impulso definitivo que dieron los narcotraficantes a los grupos paramilitares como mecanismo de protección privada contra el secuestro. El caso más emblemático es la constitución del grupo Muerte a Secuestradores (MAS) por parte de los principales barones de la droga como respuesta al secuestro de Marta Nieves, la hermana de los Ochoa a finales de 1981, “un evento que puede parecer episódico pero que marcó una tendencia determinante en el escalamiento del paramilitarismo”. (Pardo 1996 citado y endosado por Cubides 1999).

En la observación de que este incidente debe ser considerado un punto de quiebre en el desarrollo de los paramilitares coinciden observadores de una amplia gama del espectro político y profesional. Se trata de uno de esos raros episodios en cuya interpretación convergen la visión oficial, la académica, la periodística y la cercana a los hechos. “En reacción al hecho un grupo de mafiosos se unió para organizar un grupo paramilitar –el MAS (Muerte a Secuestradores)- para que actuara contra del secuestro. Retuvo a gente relacionada o familiar del Eme, con la advertencia de tomar represalias si no se liberaba a la secuestrada  ... Hubo personas asesinadas y otras se fueron del país. Desde Panamá Pablo (Jaime Bateman) buscó la manera de establecer contacto directo con los Ochoas. Nos pusimos en función de escribir, enviar y recibir mensajes para negociar y parar esa guerra de la que salía lesionada mucha gente. Martha Nieves fue liberada a comienzos de 1982. Esta guerra se detuvo, pero marcó el comienzo de los grupos paramilitares”. (Grabe 2000 pp. 165 y 166. Subrayado propio).

Este incidente, que alcanzó a tener la dimensión de una verdadera guerra [1], terminaría con un acuerdo de paz. “Tras la agotadora persecución, el M-19 acepta negociar, libera a Marta Nieves en Armenia el 16 de febrero de 1982 … A cambio, los narcos liberan a los veinte retenidos y pagan un millón y medio de dólares. Con la liberación de Marta Nieves se sella un pacto de paz entre Pablo y el M-19 que se proyectará en el tiempo”. Salazar (2001). El estrecho vínculo que se daría posteriormente entre los narcos y el M-19 lo confirma Vera Grabe quien insiste en mostrarlo casi como un acto de generosidad de los primeros, una especie de mecenazgo. Algo difícil de digerir tratándose de tan hábil negociante. “No era una relación de negocio … los “mágicos” nos ayudaban, y nos cuidaban. Era más bien una relación de ellos hacia nosotros: nos ayudaban, pero jamás pedían un favor a cambio … Nos prestaban sus casas y fincas, espacios cómodos, con billar, piscina, jardines, televisores y salones gigantes, donde hacíamos las reuniones de la dirigencia M-19-EPL en Antioquia. Nos ayudaron a trasladar y curar compañeros heridos que venían del Valle. (Grabe 2000 p. 247. Subrayados propios)

La virulencia de la respuesta de los narcos a este plagio se explica porque, para unos, se trataba del rompimiento de un pacto previo de no agresión y porque otros ya habían sido víctimas de tentativas de secuestro por parte de la guerrilla. Según Alonso Salazar a principios del mismo año los militares habían avisado a Jorge Luis Ochoa que, de acuerdo con conversaciones interceptadas al M-19, había planes de secuestrar un narco. Ochoa se comunicó con Pablo Escobar quien secuestró a varios guerrilleros, y los llevó a su oficina y ante 200 hombres armados les hizo una amigable pero perentoria advertencia “Yo tardé sólo tres días para detenerlos, así que con nosotros no se metan porque pierden al año, yo no les voy a hacer nada porque no hay necesidad y sobre todo porque yo soy un hombre de izquierda”. Tras lo cual no sólo los liberó sino que les regaló U$ 15 mil. Después de estos incidentes algunos miembros del M-19 se harían amigos de los trabajadores de Escobar. Por esta razón el secuestro de la Marta Ochoa fue considerado por Escobar más una traición que un simple ataque. (Salazar 2001 pp. 81 y 82). Gonzalo Rodríguez Gacha, el Mexicano, había sido secuestrado por las FARC en el Meta. (Strong 1995 p. 63). Según este mismo autor varios narcos de Cali y Bogotá tuvieron que pagar por su liberación. Carlos Lehder, en uno de los volantes anunciando la creación del MAS relata que “a mí los secuestradores me descargaron un tiro de revólver diciendo: somos del M-19, queda secuestrado. Milagrosamente me fugué”. (Salazar 2001 p. 83).

La creación del MAS es significativa no sólo por la magnitud de los recursos invertidos en esa empresa sino porque actuó como un catalizador para que un número importante de capos que no se conocían  intercambiaran experiencias –sobre zonas de operación en Colombia, rutas y mercados, debilidades de las autoridades, implicaciones del tratado de extradición- y actuaran motivados por un objetivo común. Convocados por Pablo Escobar, se reunieron en su hacienda Nápoles, “200 narcos de todo el país … Asiste todo el grupo de Medellín, liderado por Pablo, delegados del grupo de Cali, Carlos Lehder por el grupo de la zona cafetera, y el de Bogotá, liderado por el Mexicano … cada narco aportó hombres y dinero”. (Salazar 2001 p. 83). De acuerdo con un antiguo director general de la Policía “la conferencia consolidó los vínculos entre los traficantes y confirmó el liderazgo de Escobar y los de Medellín. Su lucha común contra el secuestro y la extradición efectivamente unificó a los traficantes colombianos. Les permitió, por un tiempo, olvidarse de su competencia por los mercados”. (Declaración del General Gómez Padilla citada por Strong 1995 p. 64. Traducción propia)

Además, se adoptaba el principio del todo vale para enfrentar a los secuestradores. Al respecto, vale la pena transcribir algunos de los apartes del volante, firmado por Carlos Lehder, que fue lanzado desde una avioneta sobre varios estadios del país en Diciembre de ese año. “Vamos a recompensar a los ciudadanos que nos ayuden para que los culpables sean llevados ante la Justicia Militar … El secuestro requiere un tratamiento veloz, táctico, metálico y drástico … Lo que propongo es un trabajo antisecuestro similar a la Comisión de Paz, excepto que es paramilitar. Que esta comisión especial antisecuestro ensamble e instruya dos fuerzas: un equipo de jueces y fiscales … la otra fuerza táctica formada por los más destacados y fieros ex militares y ex agentes, los más expertos civiles paramilitares, defensa civil, mercenarios extranjeros .. Tendrían una academia cuartel, con banco de fotos y banco de plata, centro de comunicaciones e información … Una fuerza de dos mil hombres sería suficiente .. los secuestrables ayudaríamos a financiarla… Para la nueva cárcel antisecuestro se les pedirá a los norteamericanos el último y más poderoso sistema de sillas eléctricas con incinerador incorporado, con la venia de la Curia”. (Citado por Salazar 2001 p. 84). Fue también con la creación del MAS que la gente de Escobar sofisticó las técnicas de guerra sucia, pues es entonces cuando “…en Medellín, Arcángel aprende, igual que todos sus compañeros , las técnicas de tortura de los militares”. (Salazar 2001 p. 87).

Es claro que este contundente grupo sirvió de ejemplo a las bandas armadas paramilitares que después se formarían en el país bajo la premisa de que para ser eficaz, la guerra no puede ser sino sucia. El efecto demostración fue tan evidente que en lo que se considera la cuna del paramilitarismo, el Magdalena Medio, el término MAS se volvió el nombre genérico de tal tipo de grupo, y maseto el de sus integrantes. “No sabía que era maseto hasta que oí que había unos grupos que se llamaban paramilitares, que se llamaban el MAS. Desde que llegaron ya no había día que no hubiera un muerto”. Declaraciones de un testigo de la masacre de 2 jueces y 10 funcionarios de la rama judicial cometido por uno de estos grupos en La Rochela a principios de 1989. (Medina 2000 p. 278).

Como dato curioso se puede señalar que, con la conformación de este grupo, se anticipó la parte esencial del discurso que sólo una década y media más tarde adoptarían la élite y la tecnocracia colombianas: los efectos perversos de la violencia sobre la economía. El mismo volante de Carlos Lehder mencionado atrás se iniciaba en términos que, con mínimas adecuaciones en el  léxico, bien podrían haberse copiado en las declaraciones oficiales, o en los estudios académicos, que aparecerían en el país  unos quince años más tarde. “Tenemos una Colombia bella, grande, libre, fértil y llena de oportunidades para los justos y esmerados. Al secuestrar a los empresarios y dirigentes se desmorona nuestra economía. Al faltar estos honorables y dedicados dirigentes que han estudiado media vida para ser útiles a la gran era que esta república y el mundo están viviendo … La experiencia y los conocimientos no tienen sustitutos. Durante los últimos diez años cientos de prestigiosas familias han tenido que salir espantadas del país. Miles de bellas y productivas haciendas han sido abandonadas. Los industriales y constructores vendieron y se marcharon”. (Citado por Salazar 2001 p. 83).

A pesar de tratarse del caso más notorio, esta alianza entre grandes capos para defenderse de los secuestradores no había sido la primera, ni el descomunal operativo del MAS para liberar a Marta Ochoa sería el último como reacción de los narcos ante un secuestro. En efecto, en una cumbre de capos que tuvo lugar en Bogotá en 1975, y a la cual asistió Pablo Escobar no como patrón sino como simple acompañante del Padrino –Alfredo Gómez, gran capo del contrabando- se acordó “organizar y financiar bandas armadas para enfrentar a los secuestradores, que por entonces empezaban a proliferar”. (Salazar 2001 p. 55). El 1 de Noviembre de 1984, Abel Escobar fue secuestrado, y la operación de rescate organizada por su hijo Pablo Escobar no fue menos contundente. “Realizó –al estilo del MAS- con sus hombres y con oficiales del Ejército y la Policía, operativos en diferentes poblaciones y como complemento ofreció jugosas gratificaciones .. Acordó un primer pago para ganar tiempo y simultáneamente sus hombres desplegados por la ciudad montaron guardia, día y noche, al pie de mil teléfonos públicos. El plan funcionó. Por el sector de Guayabal detectaron una llamada y de inmediato los hombres de Chiruza detuvieron al sospechoso. Lo torturaron hasta casi estallarlo y lograron información para desarticular la banda”. Salazar (2001) p. 178. “Una caravana de helicópteros y medio centenar de hombres armados rescataron al padre del capo en una finca del Magdalena Medio. Todos los miembros de la organización que participó en el secuestro fueron asesinados”. (Cañón 1994 p. 129)

Un efecto paralelo e indirecto entre el secuestro, el mercado de tierras, el paramilitarismo y la droga fue que el primero también contribuyó a la concentración de la propiedad rural en manos de narcotraficantes. Por tratarse de uno de los pocos colectivos con recursos militares suficiente para protegerse privadamente de la extorsión y el secuestro, pudieron hacerse con facilidad a las fincas y haciendas que se vendían por razones de seguridad. Esta sería otra de las dimensiones en las cuales se puede establecer un paralelo con la situación al final de La Violencia, cuando en lugares como  el Quindío, tomó importancia la compra de tierras a los que Ortiz(1985)  denomina oferentes necesitados, o sea propietarios amenazados que a través de comisionistas especializados vendían sus tierras a miembros de las cuadrillas o a sus testaferros.

El tercer punto de encuentro con la droga lo constituyen los indicios de que varios de los más importantes narcotraficantes colombianos estuvieron, desde los inicios de sus carreras criminales, vinculados con secuestros notorios. Por ejemplo, el 6 de Octubre de 1969, un comando armado ataca el vehículo de Enrique Straessle,  cónsul de Suiza en Cali, lo hiere y secuestra a su hijo junto con un funcionario de la embajada suiza. Después de setenta días de cautiverio, y el pago de un rescate de U$ 300 mil (millón y medio de U$ de 2002), los dos rehenes son liberados por quienes se ufanaban de ser  diestros secuestradores. ‘Somos maestros de maestros.  Somos unos técnicos y unos científicos del secuestro’, decía la carta que los miembros de la banda habían dejado en poder de don Enrique Straessle [2].

Aunque el secuestro fue inicialmente atribuido a las FARC, Gilberto Rodríguez Orejuela, líder del futuro Cartel de Cali, estaría luego sindicado de dirigir a los responsables de este secuestro, cuya finalidad, no habría sido puramente económica. “La cuadrilla que secuestró el domingo pasado en la ciudad de Cali al señor Hernán Buff […] y al joven Werner José Straessle […] parece ser, según todas las apariencias una de las que conforma las tristemente célebres ‘FARC’ comandadas por Pedro Antionio Martín, alias ‘Tiro Fijo’”  [3]. “(Rodríguez Orejuela) llegó a estar detenido por ese hecho, pero fue puesto en libertad por falta de pruebas y todo rastro suyo desapareció como por encanto”  [4]. De acuerdo con el testimonio de un activista de izquierda reportado por Simon Strong (1990, p 270) tanto Rodríguez Orejuela como José Santacruz Londoño “eran amigos de los fundadores del ELN, tanto que su participación en el secuestro de los dos suizos en 1969 fue para financiar al ELN”.

De esa banda hacían parte su hermano Miguel y José Santacruz (Strong 1995 p. 38). Por otra parte, el apodo de Doctor con que se conocía en algunos círculos a Pablo Escobar provendría del plagio de don Diego Echavarría, industrial y filántropo antioqueño, ocurrido en agosto de 1971. Episodio que terminó con el asesinato de la víctima, ante la negativa de la familia a pagar los $20 millones exigidos de rescate. Aunque Escobar nunca estuvo oficialmente vinculado con el incidente, varios de los sindicados, incluyendo a Néstor Trejos, cerebro de la operación, fueron siempre cercanos a él y “en los corrillos del hampa se dijo siempre que Escobar había sido uno de los protagonistas del plagio de don Diego .. que ahí comenzó su larga carrera de secuestrador y miembro de las élites del crimen organizado. También decían que esa fue una de las primeras demostraciones de su habilidad para eludir la justicia”. Cañon Un telegrama enviado por Escobar en 1990 al General Maza Márquez, director del DAS, aparece firmado “Dr. Echavaría” (sic) (Cañón 1994 pp. 56, 57 y 258).

Cuatro, los narcotraficantes han recurrido al secuestro con los más variados fines: con objetivos puramente políticos, como se muestra en detalle más adelante; como sustituto del comercio de droga en períodos de iliquidez; para financiar sus guerras contra el Estado o como un mecanismo corriente para cobrar deudas. El caso más digno de mención es el de Pablo Escobar, una de cuyas especialidades fue precisamente el plagio. Su capacidad para tomar rehenes, esconderlos de las autoridades o de terceras partes interesadas y cobrar por su liberación fue un elemento central de su poder. La consolidación de su poder de extorsión se habría dado con el cobro de contribuciones para la guerra contra el Estado colombiano para tumbar la extradición. Posteriormente, el eficaz servicio de cobro de cartera sería solicitado por otros narcos.  

El Patrón Llegó a ser no sólo el secuestrador más importante de Medellín sino, cínicamente, una de las instancias a las que recurrían las víctimas para ayudarles a negociar y solucionar algún plagio específico. Fueron varios los casos en que las víctimas, sin saber que él era el responsable, acudían para que, en su calidad de capo mayor, actuara como intermediario. Recogía así no sólo el rescate sino una comisión de negociador. Un poder similar de autoridad paralela a la que se acude ante un secuestro habrían alcanzado también los Rodríguez Orejuela en el Valle. De acuerdo con el testimonio de un ex negociador del ELN, a principios de los ochenta el cartel de Cali organizó un operativo para liberar al hijo de un importante industrial plagiado por este grupo guerrillero. Varia gente murió y al final secuestraron a 12 guerrilleros del ELN para intercambiarlos por el primero. Strong (1995) p. 271. Logró además, con secuestros, aumentar la rentabilidad de algunos homicidios por encargo. Un incidente que ilustra bien la capacidad de Pablo Escobar para manipular a las partes envueltas y maximizar el rendimiento de una acción, es el de Hernán Valencia, un narco del Valle que fue secuestrado cuando estaba en Medellín alojado en casa de Mauricio Restrepo, persona cercana y admirada por Escobar. Al ocurrir el incidente, Restrepo se comunica con Escobar quien no sólo lo estimula para buscar a Valencia sino que le ofrece ayuda, por si necesita pie de fuerza. Luego de traer de los EEUU sofisticado equipo de rastreo, Restrepo delimita bien la zona dónde puede estar Valencia. Antes de llegar al lugar de cautiverio, Escobar se comunica con él para decirle que quienes tienen a Valencia son demasiado poderosos, que pare la búsqueda porque lo pueden matar. Restrepo, que había visto hombres de Escobar por la zona, queda convencido que es este quien tiene a su amigo. Alcanzó a decirle al negociador que no pagara, porque de todas maneras matarían a Valencia. Acertó, pues se pagaron cuatro millones de dólares y el cadáver apareció a los pocos días. Después, Restrepo se enteraría que unos hombres del Cartel del Cali le habían pedido a Escobar que, por cien millones de pesos, asesinara a Valencia. El había aceptado diciendo que lo haría “a su manera”. (Salazar 2001 pp. 169 y 170)

Escobar habría estado detrás de varios secuestros y asesinatos de narcotraficantes importantes. Fuera del caso de Valencia, estaría el de Pablo Correa a quien ya muerto, “para cobrar el rescate, los hombres de Pablo pararon al difunto con un palo, le abrieron los ojos, lo maquillaron para quitarle ese tono patético que da la muerte y lo pusieron a leer un periódico del día. Con esa pose lograron que la familia soltara dos millones de dólares”. También mandaría secuestrar a Alonso Cárdenas, un cuñado de los Ochoa y a Rodrigo Murillo. (Salazar 2001 p. 171).

Un detalle que llama la atención de la desaforada manía de Pablo Escobar por tomar rehenes con casi cualquier pretexto es la falta de referencias a lo que se puede considerar la forma más antigua del secuestro, el rapto de mujeres con objetivos sexuales. Al respecto, no sólo es difícil encontrar testimonios del Patrón raptando y violando divas sino que, por el contrario, abundan las referencias a su apego al ritual de los premios, los regalos y los pagos monetarios a cambio de los favores sexuales. Ver por ejemplo (Salazar 2001, pp. 196  y  217, Cañón 1994, p. 258)

No es fácil entender por qué una personalidad tan arbitraria y déspota mantuviera cierto recato, e incluso buenas maneras, a la hora de satisfacer su apetito sexual. Al respecto, la comparación con otros individuos que también actuaban sin ningún tipo de restricción a sus caprichos es notoria. Uday, uno de los hijos de Sadam Hussein, por ejemplo, no tenía mayores reparos en raptar mujeres jóvenes, algunas el mismo día de su boda, para mantenerlas encerradas y a su disposición por varios días. (Time, Junio 2 de 2003)

Como última asociación entre la droga y el secuestro, se debe mencionar el efecto corruptor de la primera sobre los organismos de seguridad y el aparato de justicia. Este deterioro institucional acabaría afectando tanto la respuesta judicial al secuestro, como la participación directa de algunos de sus miembros en la actividad [5], como los métodos de guerra sucia para enfrentarlo.


[1] Semana, No. 8, julio 26 de 1982, “El impuesto del miedo”.
[2] El Tiempo, Octubre 11 de 1969.
[3] El Tiempo, Octubre 13 de 1969.
[4] Elpais-cali.terra.com.co Marzo 13 de 2003.
[5] Aunque este es un punto particularmente difícil de documentar, los señalamientos sobre participación, o por lo menos complicidad, de los organismos de seguridad en la actividad son recurrentes.